• En Tlaxcala el poder se pone bravo cuando lo pisan. Y si no, pregúntenle a Ana Lilia.
En la opinión de J. Luis Ahuactzin
A mediados de enero de este año, la senadora de Morena se calentó. Le preguntaron por sus logros en el estado. ¿Su respuesta? “¿Quién es el estúpido que lo pregunta?”
¿Se disculpó? No lo hizo, le valió un comino; todo lo contrario, salió a dar «cátedra»: que “estúpido” no es insulto, que es para los “necios”.
Traducido: Te mienta la madre, pero con diccionario…
… Y todavía avisó que ella va a escoger qué prensa sí y qué prensa no.
Eso en mi barrio se llama mordaza y punto.
Bonito homenaje al 7 de junio, y sería un verdadero descaro si lanza felicitaciones a la prensa en el marco por el Día en mención.
El contraste cala: Lorena Cuéllar la trae mal con la inseguridad, las blindadas y los escándalos. Pero no anda llamando “estúpidos” al que pregunta. Le da la vuelta, se enoja, pero aguanta vara. Ana Lilia, no. A la primera pregunta incómoda, enseñó el colmillo.
Morena dijo que eran diferentes. ¿Y qué hace su senadora? Si el pueblo pregunta, es “estúpido”. Si el medio no le gusta, lo borra. Eso no es transformación. Es el PRI de antes, con chaleco guinda encarnado en una «legisladora» intolerante, agresora de medios y periodistas.
En Tlaxcala hay hambre, hay balazos y hay desempleo. Lo que no hay es tiempo para senadoras de cristal que se niegan a responder cuestionamientos, pero sí para insultar y llamar estúpidos a quien les cuestiona.
P.D. «¡Feliz Día de la Libertad de Expresión!»
La libertad no se celebra con boletines ni IA a modo. Se respeta con la boca cerrada cuando toca escuchar.





