En la opinión de J. Luis Ahuactzin
Como cada año, la huamantlada se convierte en una auténtica salvajada que nadie puede frenar y está por encima de la tradición o la cultura que pregonan, pero sobre todo con el aval de la propia autoridad estatal y municipal.
Toros de lidia que son agredidos en la selva del asfalto «acondicionada» exprofeso para hacer reír a un sin fin de asistentes y comensales, disfrazado de «derrama económica» y «turismo».
Latas de cerveza, manotazos, puntapiés y jalones de rabo es lo que reciben astados de al menos 500 kilos, para —según ellos— la capea más grande del mundo y así disfrazan los excesos.
Mujeres que se semi desnudaron por concursos de botellas de alcohol, riñas y exceso en la venta de alcohol, así como mujeres ebrias tiradas en la vía pública, fue el común denominador de esa fachada con doble máscara para la población.


La huamantlada y sus eventos se convirtieron en la cortina de humo perfecta para el gobierno lorenista y el de Salvador Santos Cedillo, ante el embate de la delincuencia que existe en la entidad como en ese municipio, pues no han logrado frenar los robos a casa habitación, a transeúntes, a camiones de carga, asesinatos, feminicidios minimizados a homicidios; calles sin reparar, unidades médicas sin medicamentos, baja creación de obra pública, etc., etc., etc.
Trascendidos
-¿Será cierto que el diputado morenista de la región de Zacatelco, le valió un cacahuate el llamado de su dirigencia nacional a evitar los excesos, los lujos y vivir en austeridad, al adquirir una camioneta de superlujo que rebasa el millón de pesos para su labor «legislativa» (…)?
-Que ese mismo diputado gris en el Poder Legislativo, es hijo del secretario de Impulso Agropecuario del gobierno lorenista, mismo que enfrenta señalamientos por campesinos, a quienes obliga a cometer actos de corrupción al momento de asignarles sus proyectos del bienestar.





