En la opinión de J. Luis Ahuactzin
Con la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Tlaxcala, dejó señales que para nada se deben ignorar, principalmente porque la senadora expereedista Ana Lilia, pretendía hacer su agosto al placearse para así promover su imagen a costa de los «logros» de la transformación de cuarta a la que ella pertenece.
Resulta que la exprerredista quería charolear con eso de que es senadora de Morena, pero más allá de eso, a los de la ayudantía les valió un cacahuate y fue mandada hasta las filas posteriores; dejando evidentemente que las posiciones hablaron más que los discursos y sus encuestas.
La diferencia de matices fue abismal: por un lado, vimos a un Alfonso Sánchez García consolidado en la «zona de privilegio», es decir, al colocarlo en la primera fila cuyo mensaje es claro.
Su presencia en la primera fila— a escasos metros de la mandataria federal— mandó un aviso claro y contundente, para propios y extraños, que, incluso, los que chaquetean será difícil de rebatir; el delfín se mueve con la precisión de quien conoce que la forma es fondo.
Por el contrario, la soberbia e intolerante a la crítica, la experredista, Ana Lilia, vivió una jornada distinta pese a su puesto legislativo del que ya lleva más de 7 años: se le vio mermada y casi perdida entre los asistentes y la estructura de la logística del evento.
En política, «el que se mueve no sale en la foto», pero quien no está en el lugar, día y hora correctos, simplemente y sencillamente deja de ser parte de la narrativa principal y menos cuando tildas de «idiota» a quien te cuestiona.
La distancia física entre ella y el presídium no pasó desapercibida para los buscadores de señales; incluso para sus aplaudidores les cayó como balde de agua fría, porque cuando llegaron al evento vieron a su jefa hasta el fondo y relegada, murmurando y con silencios que ya los hizo dudar.
Otro dato más, por si no le quedó claro durante la jornada, fue el espaldarazo que Sheinbaum le otorgó a la gobernadora Lorena Cuéllar, en un momento donde la gestión estatal enfrenta una crisis de seguridad y de certeza social ante sus actos de desalojo de manifestantes, homicidios, suicidios, feminicidios y robos.
El mensaje de la presidenta de México fue claro, cerró filas con ella de manera pública y contundente, que hasta el modelo de construcción y venta del Polo de Desarrollo en Huamantla será replicado a escala nacional.
Ese apoyo no solo oxigenó a la administración estatal, sino que dejó claro que, para la toma de decisiones venideras, la voz de la mandataria local seguirá teniendo un peso específico ante Palacio Nacional.





