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Lorena y Ana Lilia, boletineras de la guerra…

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En la opinión de J. Luis Ahuactzin

Lorena Cuéllar Cisneros, gobernadora de Tlaxcala, y Ana Lilia Rivera Rivera, la experredista hoy convertida en coordinadora de Morena en el estado, se han enfrascado en lo único que saben hacer bien: una guerra de boletines.

Una manda un comunicado llamando a la unidad. La otra responde con otro comunicado llamando a evitar las fracturas. Una habla de institucionalidad. La otra, de lealtad al proyecto.

Y en medio, un estado que no aparece en ninguno de sus párrafos. Porque mientras ellas pelean por ver quién controla el membrete de Morena en Tlaxcala, en Tlaxcala pasa lo real.

Priva la ola de asesinatos que ya no se pueden esconder en las cifras maquilladas.

Robos a mano armada a plena luz del día. Feminicidios que se cuentan por mes y que se archivan por año.

La trata, que sigue siendo la vergüenza histórica que ningún boletín menciona. Violencia familiar desbordada.

Secuestros. Delitos de alto impacto que todos vemos, menos las dos protagonistas de esta tragicomedia.

Es insultante. Cuéllar y Rivera privilegian sus posiciones personales, no las de Tlaxcala.

Una quiere imponer su voluntad. La otra quiere ser sucesora. Una quiere blindar a su grupo. La otra quiere cobrar las facturas de haber operado desde el Senado. Y las dos usan la palabra «unidad» como garrote.

¿Unidad para qué? ¿Para seguir repartiéndose el Estado como botín? ¿Para seguir tapando que Tlaxcala está reprobado en seguridad y que la estrategia es mandar boletines de mesas de paz que no pacifican a nadie?

La gobernadora debería estar en las calles, en las fiscalías, exigiendo resultados.

La coordinadora de Morena debería estar articulando un proyecto de Estado, no un proyecto de grupo. Pero no. Están en lo suyo: ver quién saca el boletín más largo, quién tiene más adjetivos, quién se ve más obradorista.

Mientras, la gente no quiere boletines. Quiere no ser asesinada. Quiere no ser robada. Quiere que sus hijas regresen vivas a casa. Tlaxcala no necesita dos jefas de prensa peleándose.

Necesita una gobernadora y una dirigente que entiendan que el cargo no es para la foto, es para frenar la sangre.

Hoy, ni una ni otra están a la altura.

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