16/08/2026 5:13 AM

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El metepantle que no da fruto: trepa, ahoga y seca

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En la opinión de J. Luis Ahuactzin

En la política mexicana hay una plaga peor que la corrupción cínica: la hipocresía disfrazada de redentora. Es la política del metepantle. No tiene raíz propia. Se enreda en cualquier árbol con tal de trepar.

Hoy es de izquierda, mañana de derecha, pasado mañana de lo que caiga. La ideología es mera utilería. El poder es su fin.

Hablo de figuras como la llamada «doña metepantles». El arquetipo del doble discurso que usa la pobreza como moneda de cambio.

RADIOGRAFÍA DE LA METEPANTLE POLÍTICA:

  1. El chapulineo como medio para su fin personal. Brinca de partido en partido sin sonrojarse. Ayer condenaba a los «rancios», hoy los abraza si le garantizan candidatura. Mañana los vuelve a quemar si le conviene. La camiseta dura lo que dura el hueso. La lealtad es a su proyecto personal, no al pueblo.
  2. Nepotismo descarado. La «transformación» empieza por la casa. Hermanos, primos, cuñados, compadres. Todos cobran. Todos operan. El gobierno se vuelve negocio familiar y la nómina cenadora, herencia. Hablan de acabar privilegios mientras reparten el pastel entre los suyos.
  3. Clientelismo con rostro humano. La pobreza no la combaten: la administran. La foto con los humildes, la despensa en campaña, el discurso rancio. Usan el hambre como rehén electoral. Lucra con la necesidad que juró erradicar.
  4. Simulación y culto a la personalidad. Aparenta haber creado un «movimientos» donde ellos son los santos y los demás, herejes. Exigen unidad a gritos pero imponen por dedazo. Hablan de democracia interna mientras aplastan a la base. La crítica es traición. La pregunta es golpismo.
  5. Falsa austeridad, riqueza inexplicable. La metepantles grita «primero los pobres» desde camionetas lujosas y sueldos que ningún campesino posee. Condenan los lujos del pasado mientras estrenan residenciascoxhes, viajes al extranjero y beneficios familiares a través de los programas sociales.

Dicen estar limpios, pero su pasado y su presente huelen a los mismos vicios que prometieron enterrar.

El metepantle no construye. Parasita. Trepa usando el discurso de los pobres, ahoga a las instituciones con su familia y sus incondicionales, y seca la esperanza que dice representar.

No es transformación. Es transacción. No es proyecto social. Es proyecto personal con logo nuevo.

Tlaxcala ya no están para santos de saliva y mártires de Twitter ni del Facebook. Está para resultados. Y el primer resultado que exige la ciudadanía es la congruencia: que viva como predica, que no use al pobre de escalera.

Porque el metepantle no da fruto. Solo da sombra. Y en Tlaxcala la ciudadanía ya esta harta de vivir a oscuras en un gobierno que, al igual que la metepantles, prometió la «verdadera transformación».

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