Por J. Luis Ahuactzin
En el evento que organizó el Ayuntamiento de Tlaxcala, para reconocer a 500 mujeres en el marco de los 500 años de la Fundación de la capital, Alfonso Sánchez García se quería colgar de la imagen de las activistas, pero declinaron y lo exhibieron.
Se trata de Yenny Charrez, Blanca Rugarcia y la investigadora Ixchel Yglesias, activistas defensoras en derechos humanos de las mujeres y críticas al sistema, expusieron que por congruencia de sus actos, no recibirían el reconocimiento, pues, pese a su evento masivo, sigue y seguirá la violencia contra el sector.
Charrez Carlos, escribió que «(…) decidí esperar una respuesta sobre el caso del regidor señalado por agresión. Ante la falta de claridad y el hecho de que el presidente municipal Alfonso Sánchez García manifestara que le “pediría” —como si se tratara de una súplica— que no regresara, me resulta evidente que este individuo mantiene una influencia indebida. A él no se le debe pedir nada, se le debe exigir que se retire, que tenga un mínimo de dignidad y no vuelva a ocupar espacios de poder (…)».
Blanca Rugarcia, activista, señaló que » (…) más que representar un verdadero homenaje, refleja una simulación política y un intento de lavado púrpura: una estrategia que busca cubrir con discursos de igualdad y reconocimiento lo que, en la práctica, no se cumple.
Porque reconocer a las mujeres no significa entregar diplomas ni posar para la foto.
Reconocer a las mujeres significa garantizar seguridad, justicia, oportunidades reales y condiciones dignas de vida.
Significa construir espacios libres de violencia, donde nuestras voces sean escuchadas y no utilizadas como parte de una narrativa política (…)».
En el caso de la activista e investigadora, Ixchel Yglesias, remarcó que » (…) El reconocimiento es impulsado por Alfonso Sánchez García y su administración, así que en el fondo sirve a sus intereses políticos.
Se conoce como «purple washing/lavado púrpura» a la estrategia de mercadotecnia que impulsa un discurso liberal sobre la igualdad de género. Hablar de las mujeres y «reconocerlas» sin hacer transformaciones estructurales, es una forma de colgarse del feminismo y de ponerlo al servicio de sus intereses políticos.
No me interesa ser reconocida por el gobierno actual, desde mi perspectiva y congruencia, un reconocimiento de este gobierno sería una palmadita en la espalda y una forma de decirme «ya te dimos un reconocimiento, ahora cállate» (…)».





