- De risa, si no fuera tan trágico.
En la opinión de J. Luis Ahuactzin
Resulta que bastó que en Facebook circularan las fotos del río Zahuapan teñido de rojo sangre — como si Tlaxcala fuera escena de película de terror ecológico — para que la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros saliera corriendo. Corriendo, literal. La pusieron a grabar un video para redes sociales.
Sus sesudos asesores, esos que cobran como si fueran de Harvard y operan como becarios, entendieron que el linchamiento digital venía fuerte. Y entonces, ¡milagro! En cuestión de horas dieron exactamente con la empresa, la encontraron, la clausuraron y la gobernadora ya tenía mensaje en redes para calmar las aguas — rojas-, por cierto.
Qué eficiencia. Qué prontitud. Qué coordinación. Ojalá así fueran para todo.
Porque ahí está la pregunta que todos nos hacemos en las calles, no en los chats del palacio:
- ¿Y por qué no hay videito para lo demás?
•¿Por qué no sale a grabar mensaje cuando aparecen los encobijados en San Pablo del Monte?
•¿Por qué no hay video en vivo cuando ejecutan a uno en Zacatelco?
•¿Por qué no interrumpe su agenda para explicar los calcinados, los laboratorios clandestinos que revienta la federación, los robos que ya son parte del paisaje, las detenciones de objetivos prioritarios que hace el gobierno federal porque el estatal no puede?
Ahí sí, silencio sepulcral. Ahí sí, la gobernadora se queda muda. Ahí no hay asesores, no hay camarita, no hay «estamos trabajando».
Para el río rojo, que pega en la imagen y en lo ambiental y que se hizo viral, sí hay prisa. Para la sangre real que corre todos los días en Tlaxcala, no.
Ese es el gobierno que tenemos: un gobierno de reacción, no de prevención.
Un gobierno que actúa según el escándalo de Facebook, no según la agenda de seguridad.
Clausurar la empresa que arrojó químicos al Zahuapan está bien. Faltaba más. Pero no nos vendan el cuento de que fue un acto de autoridad firme y de justicia ambiental. Fue un acto de pánico político. Les dio miedo el hashtag.
Porque si fueran tan eficientes, Tlaxcala no estaría como está.
Y el río, aunque hoy ya no esté rojo, sigue igual de podrido que antes. Como todo lo demás.





