- «¡170 mil votos de humo! la farsa campesina de Ana Lilia»
En la opinión de J. Luis Ahuactzin
Cuando en política ya no te da para llenar una plaza, llenas una mesa de plástico con mantel blanco. Y eso hicieron las huestes de Ana Lilia el pasado jueves.
Al ver perdida la coordinación estatal de Morena — esa que ya se les fue de las manos porque el pueblo no se deja engañar — les dio el síndrome de los pinochos y chimoltrufios: unos que fingen que pichan, y otros que, como dice la Chimoltrufia: como dicen una cosa dicen otra. Puro engañabobos.
Ahora resulta que apareció la UCD. Sí, la Unión Campesina Democrática, con supuestos «campesinos agremiados» que de la nada le ponen 170 mil votos en la bolsa a la experredista con licencia. ¡170 mil!
Vamos a ponerle números a la farsa, porque en Tlaxcala no somos ingenuos:
Si de verdad la UCD tuviera 170 mil agricultores de a de veras, con credencial y con voto, ¿qué andaría haciendo en una salita dando conferencias de prensa prestadas?
Con 170 mil votos ya tendrían su propio partido político, con registro y todo. Ya tendrían al menos dos diputaciones locales seguras, regidurías en todo el estado y negociarían en lo oscurito con quien quisiera ser gobernador. No estarían rogando una foto con Ana Lilia.
Pero no. Andan de comparsas.
Pongámoslo en contexto para que se entienda lo risorio: Lorena Cuéllar Cisneros ganó la gubernatura en 2021 con poco más de 305 mil votos. Fue una elección histórica, con toda la estructura de Morena y con López Obrador en la boleta moral.
Y ahora estos señores quieren hacernos creer que solo los campesinos de la UCD le van a dar a Ana Lilia el 56 por ciento de lo que sacó Lorena para ser gobernadora.
¡El 56 por ciento!
Es decir, uno de cada dos votos que tuvo Cuéllar se los darían ellos. ¿En qué Tlaxcala viven? ¿En la Tlaxcala donde el campo está abandonado y donde esos mismos dirigentes no han gestionado ni un surco?
La cifra no es un dato, es un síntoma. Es la radiografía de la desesperación riverista.
Cuando ya no tienes territorio, inventas números. Cuando ya no tienes gente, rentas siglas.
La conferencia del jueves no fue de prensa, fue de auto-consuelo. Fue el último intento de hacer creer con información falsa lo que en los hechos y en la calle no representan: nada.
Porque el campesino de verdad, el que se levanta a las cinco de la mañana, no está en la UCD. Está en su parcela. Y ese campesino ya decidió: está con la transformación de verdad, no con los que ayer eran del PRD y hoy se disfrazan de guinda por conveniencia.
Se les acabó el corrido. Por más pinochos y chimoltrufios que se pongan, Tlaxcala ya no se traga ese cuento.





