- El Poder Ejecutivo rindió homenaje póstumo al exmandatario frente a los murales de Desiderio Hernández Xochitiotzin; políticos de talla nacional acompañaron a la familia.
Por J. Luis Ahuactzin
Entre el silencio respetuoso, el repique de la solemnidad y la grandeza de los murales de Desiderio Hernández Xochitiotzin, el Palacio de Gobierno del Poder Ejecutivo se convirtió este martes en el recinto sagrado para despedir a uno de los hombres más importantes de la historia contemporánea de Tlaxcala: el exgobernador Alfonso Abraham Sánchez Anaya.
A las 9:00 horas, como lo marca el protocolo de los grandes estadistas, el féretro del exmandatario ingresó a Palacio de Gobierno envuelto en el respeto de todos.
No era un acto político, era un acto de honor. De justicia histórica.
Decenas de políticos, amigos, familiares, funcionarios, académicos y ciudadanos se dieron cita para dar el último adiós al hombre que encabezó la transición democrática de Tlaxcala y que gobernó de 1999 a 2005 con una visión social que aún perdura.
Frente a la historia pintada en los muros, Sánchez Anaya fue despedido con guardia de honor, con la bandera a media asta y con el reconocimiento que solo se brinda a los grandes.
En primera fila, con el rostro marcado por la tristeza, su esposa María del Carmen Ramírez, su hijo Alfonso Sánchez García y su nuera Marcela González Castillo, recibieron abrazos interminables y muestras de solidaridad que no cesaron.
El homenaje alcanzó un significado nacional con la presencia de personalidades que marcaron la izquierda mexicana junto a él: la exgobernadora de Zacatecas, Amalia García Medina, compañera de luchas democráticas; y Alejandro Encinas Rodríguez, exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, quienes viajaron hasta Tlaxcala para honrar a su amigo y compañero de batalla.
No faltaron exgobernadores, secretarios de Estado, legisladores, presidentes municipales, magistrados, empresarios y el pueblo que lo quiso. Todos bajo el mismo techo. Todos con el mismo nudo en la garganta.
El Gobierno del Estado montó guardia solemne y reconoció en Sánchez Anaya al líder que supo tender puentes, que gobernó para todos y que dejó un legado imborrable.
Al término del homenaje, el cortejo fúnebre partió hacia la parroquia de San José, donde se celebró la misa de cuerpo presente para encomendar su alma.
Tlaxcala hoy está de luto. Se fue el político, se fue el maestro, se fue el demócrata. Pero su grandeza se queda, inmortalizada, como los murales frente a los que fue despedido.
Descanse en Paz el Dr. Alfonso Abraham Sánchez Anaya (1941-2026).





