En la opinión de Jessica Quintana
Hay momentos en política donde la realidad te cachetea sin avisar. Donde el discurso se estrella contra la banqueta y el poder cambia de manos aunque nadie lo decrete.
Ese momento llegó en Tlaxcala. Y tiene nombre: Alfonso Sánchez García. Hoy Alfonso Sánchez García ya no es proyecto, es inercia.
Cuando la gente te detiene en la calle para la foto, cuando las encuestas dejan de ser esperanza y se vuelven sentencia, cuando tu chamba diaria te respalda más que mil espectaculares creados con la IA… la gubernatura deja de ser aspiración y se vuelve destino.
Alfonso Sánchez García no compró cariño. Lo sembró. Recorriendo, escuchando, resolviendo. Mientras otros administran desde el escritorio y presumiendo la campanita, él hizo de la capital su territorio.
Por eso hoy lo buscan. Por eso hoy pesa. Por eso hoy encabeza. Las encuestas serias no mienten: va al frente. Y no por accidente. Resultados de matagrilla.
Del otro lado, la película es distinta. Y duele verla. Ana Lilia presume cercanía con la Cuarta Transformación, pero la 4T ya no la reconoce. Su discurso es de movimiento, pero su realidad es de soledad.
Se alejó de la militancia y la militancia le cobró el desaire. Hoy no decide: observa. No encabeza: acompaña. No suma: resta. Su influencia se diluye y su figura se apaga.
La prueba fue grosera y pública. Domingo 31 de mayo. Dos años del triunfo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
En Tlaxcala, el nombre de Alfonso Sánchez García encendía teléfonos, generaba fila, provocaba entusiasmo.
En Zacatelco, unos cuantos ciudadanos desanimados posaban junto a la senadora como quien cumple condena.
El contraste no lo inventó nadie. Lo retrató la realidad. Y que quede claro: lo de Alfonso Sánchez García no fue acarreo, no fue operación, no fue montaje. Fue gente. Gente que se acercó sola porque ya lo ve como el que sigue. Porque identifican en él lo que no ven en otros: futuro.
Aquí no hay plan B, ni matemáticas rebuscadas, ni sentados esperando la bendición de arriba. No hay apuestas a la división para pescar en río revuelto.
Hay algo más peligroso para los adversarios: un equipo cohesionado, organizado, convencido y con hambre. El equipo de Alfonso Sánchez García no improvisa. Resiste y gana.
La política tlaxcalteca ya cambió. Unos lo entienden. Otros se resisten. Pero la foto del domingo no miente: Alfonso Sánchez García ya camina como gobernador.
Los demás todavía buscan con quién tomarse la foto. Y eso, en política, duele. Porque la realidad no pide permiso…





